Calidad de vida

Cosechando sonrisas :)

Cosechando sonrisas

En mi trabajo como consultor en marketing digital, tengo que visitar varios clientes al día y manejar mucho por el insufrible, desordenado y peligroso tráfico de Lima. Les confieso, que durante mucho tiempo, la experiencia de manejar por nuestra caótica ciudad se me hizo insoportable, me estresaba la sola idea de salir a manejar, de visitar clientes al otro lado de la ciudad, muchísimo más aún en hora punta.

Pero un día, un pensamiento, no, un sentimiento me iluminó. Me di cuenta que no era el tráfico demencial de Lima lo que me enfermaba, era cómo yo reaccionaba ante una situación que no podía cambiar ¿No podía cambiar? ¡Claro que sí lo podía cambiar! ¡Todo estaba en mí!

De pronto dejé de pelarme con las taxistas, que manejan como locos, siempre tensos, faltando a las más básicas reglas de tránsito y pensé: Es un pobre hombre, que trabaja de taxista porque quizá no puede conseguir un mejor trabajo. Como yo y tantos otros, trabaja 12 o 14 horas al día solo para poder pagar colegios, alquileres, comprar comida y darle a su familia lo mejor que puede darles.

No me peleo más con los microbuseros, los dejo pasar no más, estoy seguro que su vida es mucho más miserable aún y su nivel de stress inmanejable, pero como peruano emprendedor, también hace lo que puede por los suyos.

Pero lo que más me alegra el día son las sonrisas que todos los días me regalan las personas… decenas de peatones, ciclistas, conductores y gente con la cual ahora me identifico… cuando las dejo pasar, cuando les sonrío, cuando paro para que se puedan cuadrar, cuando dejo pasar a esa señora que hace un buen rato no puede cruzar la avenida llena de tráfico, cuando manejo despacio pegado al lado derecho como corresponde.

Me sonríe el huachiman, me sonríe la cajera del banco, del supermercado, me sonríe hasta el cobrador de micro cuando me río con él, me sonríe la mujer policía cuando la saludo bajo un calor mortal, cuando dirige el tráfico infernal de Lima mientras los desesperados choferes le tocan bocina y le gritan.

Ahora salgo mucho más temprano a las reuniones, escucho música, miro los árboles, siento el viento, admiro la luz del sol y los colores vívidos en lugar de quejarme del calor y siento, sí, siento a la gente… y me siento responsable también de su felicidad, no solo de la mía.

Hoy, agradecido por todo lo que la vida me da, recibo amor y cariño gratis mientras ando por la vida cosechando sonrisas…

Pablo Bermúdez
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