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¡Como sufrir de COVID me salvó la vida! | Pablo Bermúdez

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No creo que haya ningún ser humano en el mundo la esté pasando bien en esta pandemia. Yo mismo sufrí de COVID en diciembre de 2020 y con la bendición de Dios y el cariño, calidad humana y profesional de los doctores, enfermeras, técnicos y personal administrativo de la Villa Olímpica administrada por ESSALUD me trataron con empatía, dedicación y profesionalismo que no he experimentado ni en las clínicas de más renombre del país. A su presidenta, la Sra. Economista Fiorella Molinelli, solo me queda reconocer públicamente su trabajo agradeciéndole infinitamente por el que es para mí, el mejor hospital del país.

En la villa olímpica fui atendido con la máxima prioridad, varias veces al día, por un personal verdaderamente comprometido, humano, calificado, sonriente, empático, cariñoso, profesional, sincero y fui sometido proactiva y amablemente una y otra vez a todo tipo de pruebas y monitoreo permanente.

Me causó una gran impresión la calidad humana de todo el personal de ESSALUD. Siempre sonrientes, corteses, puntuales y lo más importante, escuchando activa e interesadamente todo lo que les contaba con respecto a cómo me sentía, y del mismo modo, con muchísima paciencia y detalle, me dedicaban tiempo, sin el apuro típico y el trato algo desinteresado que siempre he recibido en clínicas privadas de renombre.

¡Por Favor Señora Molinelli, haga extensivo mi saludo a todo el personal de ESSALUD, que en el mayor anonimato, pone diariamente sus vidas y las de sus familiares en riesgo de ser contagiados por COVID… con una sonrisa!.

Algo que me impactó sobremanera, al hacerme más amigo del personal, fue lo que vivieron cuando estalló la pandemia. Todo era un caos, no podían dejar la villa en 30 días, la ciencia no sabía tratarla, se coparon las instalaciones, y las personas con las que hablaste ayer, al día siguiente, no estaba más. Trabajaban 20 o más horas, sábados y domingos, dándolo todo, arriesgando sus jóvenes vidas para salvar las de los demás! Son verdaderos héroes y heroínas que se merecen el más profundo reconocimiento del país! y sin embargo, después de vivir aquél infierno, cuando ya la mayor crisis se atenuó, no mostraban, dolor, sufrimiento, miedo… por el contrario, siempre entusiastas, siempre alegres, siempre dedicadas, nos daban lo mejor de sí, auténticamente, no por un sueldo, por convicción, por debo decirlo «amor desinteresado hacia los demás». Nunca olvidaré aquella experiencia, que me ha impactado tanto, que simplemente, algo en mí se rompió o activó y hoy veo todo de forma completamente distinta.

La vida continúa… pero todo ha cambiado

Y así, aquí estoy, mi vida continúa. Pero no es la vida a la que he retornado a continuar en donde me quedé, no soy el que solía ser, algo muy profundo en mí ha cambiado. Ya no veo las cosas como las veía antes, ya no siento a la gente como la sentía antes. Porque cuando sabes que la muerte te ronda, que hoy podría ser el último día de tu vida, cuanto tanta gente a la que he querido y con la que he crecido se me ha ido y se me sigue yendo valoro mucho más lo simple, cada minuto, de este milagro al que llamamos vida.

¿Porqué yo sigo vivo cuando un queridísimo amigo que conozco desde el colegio, alguien generoso, divertido, cómodo en su piel, apenas dos años mayor que yo, al que en el colegio de algún modo veía como mi “role model“ y que luego en la universidad se convirtió en uno de mis amigos más queridos, se lo llevó este virus maldito.

Me impactó mucho la muerte de mi gran amigo, que no quiero que quede en el anonimato típico de la narrativa de un blog pues quiero celebrar su vida más que llorar su muerte.

Si debo describir a Carlos Mariátegui en una palabra, simplemente diría que fue un amigo épico, no encuentro otra palabra que lo describa mejor.

Y sí, menciono su nombre porque él y su familia, siempre fueron parte de la mía, porque ya es hora de que contemos las historias personales de los que simplemente se nos han adelantado, pues qué es la vida en su más reductivista y simple concepto: Es solo tiempo, tiempo que nos regala el universo. No sabemos porqué, por qué a nosotros, con qué propósito. No sabemos si tenemos un destino y plazo marcados, o si se trata de simple aleatoriedad.

Vivimos como si fuéramos inmortales, sin valorar en toda su profundidad, complejidad y profundo misterio aquello que damos por sentado, el milagro de la vida: Asumimos que la vida continuará, que nos iremos a dormir y que mañana despertaremos a seguir con nuestra rutina diaria… otro día más.

Para mí, los días han dejado de ser solo, otro día más. Es un sentimiento que ahora vive en lo más profundo de mi ser. La cotidianidad de la vida por supuesto me absorbe de nuevo, los deberes, lo que HAY que hacer, lo que DEBO hacer, con las labores y responsabilidades que DEBO cumplir.

Pero, entre un momento y otro de lo que podríamos llamar un existencia «normal», en la soledad, o de pronto por un momento efímero, se enciende ese estado de conciencia, un sentido de pertenencia, un estado de perplejidad, de unidad con el todo, de asombro, de humildad, del más grande agradecimiento y fascinación.. porque soy.

El gran cosmólogo Carl Sagan acuñó una frase que para mí lo dice todo: «Somos el Universo contemplándose a sí mismo». Tomémonos unos minutos para desgranar aquél pensamiento tan profundo (mi favorito)… tenemos la tendencia a ver la realidad como un ente externo dentro del cuál existimos, como una gota de agua en un mar insondable, infinito, y sin embargo, no somos una gota de agua más. Si bien estamos conformados por los mismos átomos, por la misma materia que el resto del universo «inanimado» nosotros tenemos conciencia de nuestra existencia, y es ese simple detalle, el que nos diferencia como «vida»… «el universo contemplándose a sí mismo».

Sí, qué profundidad de sentido cuando finalmente cala en nosotros ese simple concepto, pero tan difícil de asimilar en toda su amplitud, alcance, significado y esencia y sobretodo, mantenernos conscientes y conectados al todo.

No hay un universo ahí afuera, y un yo aquí dentro, enclaustrado en esta piel… no soy la gota de agua, soy ese mar insondable y misterioso.

No vivo en la realidad, soy el observador, el que se cuestiona, el que vive dormido la mayor parte del tiempo, pero ahora, a veces en un instante efímero entre un acontecimiento cotidiano y otro, a veces por minutos, a veces por horas, y cuando soy realmente bendecido, por un día o varios días SOY… ponerlo en palabras es sumamente difícil, es tratar de verbalizar en un plano de existencia paralelo lo indescriptible y sin embargo vivo en este otro plano, el mismo en el que todo lo «normal» y cotidiano se da simultáneamente.

Es entonces que cobro consciencia, que no es el universo el que se ha transformado, soy yo… pero si soy universo, entonces… el universo sí se transforma de algún modo.

La física cuántica, la ciencia más avanzada cuyo único propósito consiste en entender, describir y que eventualmente busca predecir aquello a lo que llamamos simple y facilistamente realidad, afirma que «el universo se configura en función al observador».

El Colapso de la Función de Onda

A este fenómeno inexplicable aún pero identificado, científicamente comprobado y que determina «la realidad» la física cuántica lo llama esotéricamente, colapso de la función de onda, y la describe científicamente como:

«El aspecto no local de la naturaleza sugerido por el teorema de Bell, se ajusta a la teoría cuántica por medio del colapso de la función de onda, que es un cambio repentino y global de la función de onda como sistema. Se produce cuando alguna parte del sistema es observada. Es decir, cuando se hace una observación/medición del sistema en una región, la función de onda varía instantáneamente, y no solo en esa región de la medida sino en cualquier otra por muy distante que esté.» – Wikipedia.


Reduciendo este fenómeno a su concepción más sencilla se resume en una simple pero absolutamente desconcertante idea: si no hay observador, no hay universo.

¿Y esto qué tiene que ver con mi experiencia como paciente con COVID? se preguntarán los lectores. Es simple, cuando cobras consciencia de que tu «no existencia» te ronda, toda tu percepción de la «realidad» cambia profundamente. En aquél momento, echado en mi cama de hospital, leía justamente un libro de física cuántica… ¿Si yo «moría» es decir desaparecía como «observador», en teoría, mi universo, al no contar con su observador, desaparecería conmigo?

Hay otra teoría que en resumen postula, que la mente humana, es incapaz de interiorizar las leyes intrínsecas y fundamentales, los andamios que soportan la realidad.

¿Pues qué es la vida sino la suma de interminables momentos mágicos, únicos y milagrosos que al caer en la cotidianidad, no sabemos apreciar en toda su trascendencia? La vida amig@s es solo la suma de esos momentos hasta que el último momento viene a llevarte y espero estar absolutamente consciente para vivir con la máxima intensidad el proceso de morir (dejar de ser el responsable del colapso de la función de onda), por más doloroso que este sea, quiero vivirlo despierto, muy atento y lleno de felicidad y fe, porque quien no ama la muerte no ama la vida.

Volviendo al acontecer de lo cotidiano…. Enfermo de COVID, recostado en mi cama de hospital, me invadió una gran paz, viví experiencias metafísicas que algún día contaré pues parecía que mi alma estaba lista, casi anhelante por dar el salto al siguiente plano. Hoy vivo con humildad e irónicamente agradecido por aquella epifanía, luchando como los «Sadhus» de la India, buscando abandonar definitivamente lo cotidiano para entregarme, sublimarme, disolverme o lo que sea que sucede cuando logras, como dicen los iniciados de todas las épocas, «despertar» abandonar esta ilusión.

Pero no puedo… Acá estoy entre ambos planos, tratando de explicar en el plano de lo «normal» aquello que reside en un plano sin lenguaje.

Dicen que la vida entera pasa frente ante tus ojos antes de morir, enfrentar la «no existencia» ciertamente activó algunos engranajes en mi cerebro, mi procesador de la realidad, el lugar donde reside el «observador».

Como decía el Buda: El propósito de la vida, es encontrar el propósito de la vida.

En esas ando…

Pablo Bermúdez
Knowmad, Growthhacker, Mistagogo, Empresario, Expositor, Futurista, Profesor, Propietario y CEO de The Startup Factory

E-mail: pablo@pablobermudez.com
Twitter: @pablober
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